Las araucarias de Santa Rosa de Cabal: historia, misterio y memoria viva de una ciudad

Las araucarias de Santa Rosa de Cabal: historia, misterio y memoria viva de una ciudad

Juan David Hurtado Bedoya

Fotos: Archivo histórico Foto Lopez



Hablar de Santa Rosa de Cabal es hablar de aguas termales, colonización antioqueña, café y montaña. Pero también es hablar de unos gigantes silenciosos que durante casi un siglo han acompañado la vida del parque principal: las araucarias.

Pocas imágenes representan tanto a Santa Rosa de Cabal como esos árboles altos, rectos y solemnes que dominan el paisaje del Parque de Bolívar. Son parte de la memoria visual del municipio, del álbum familiar de generaciones enteras y del horizonte cotidiano de la ciudad. Sin embargo, detrás de ellas existe una historia poco conocida, llena de simbolismo, incertidumbre botánica y preocupación patrimonial.

El origen: cuando la plaza se volvió ciudad




Las araucarias fueron sembradas hacia 1930, en el momento en que la antigua Plaza de Colón fue remodelada y transformada en el actual Parque de Bolívar. Aquel proceso marcó un cambio profundo en la identidad urbana santarrosana.

Hasta entonces, la plaza conservaba rasgos típicos de los pueblos cafeteros nacidos de la colonización antioqueña: espacios abiertos, funcionales y profundamente rurales. Pero durante las primeras décadas del siglo XX, impulsado por la bonanza cafetera, Santa Rosa comenzó a modernizarse. La riqueza del café permitió construir nuevas casas, mejorar caminos, impulsar el comercio y transformar el espacio público bajo las ideas urbanísticas republicanas de la época.

El rediseño del parque estuvo ligado al ingeniero Pascual López y a esa visión de “ciudad moderna” que buscaba orden, simetría y monumentalidad; también influenciaron las comunidades religiosas que existían en la época como comunidades vicentinas y maristas. Fue allí donde aparecieron las araucarias y el estilo francés del Parque de Bolivar y de muchas de las construcciones de la época de oro de Santa Rosa de Cabal, cuando era la ciudad modelo del departamento modelo de Colombia. Una de las ciudades de inicio del siglo pasado más importantes en producción económica del país gracias al café. 

Según la tradición local, se sembraron doce árboles representando simbólicamente a los doce apóstoles, una mezcla muy propia del pensamiento de la época: urbanismo republicano combinado con profundo simbolismo religioso. Las araucarias no fueron elegidas por casualidad. En muchas ciudades del eje cafetero estos árboles comenzaron a utilizarse como símbolo de progreso, permanencia y elegancia urbana. Pero en ninguno se conservan y se convirtieron en su símbolo como las de Santa Rosa de Cabal. 

El gran misterio: ¿qué especie son realmente?

Aunque las araucarias llevan casi cien años formando parte del paisaje santarrosano, aún hoy no existe certeza absoluta sobre su especie exacta. Su procedencia y cómo llegaron hasta estos pueblos en aquella época sigue siendo uno de los grandes dilemas históricos y botánicos alrededor de ellas.

Las hipótesis más fuertes apuntan a tres posibilidades:

La primera es la Araucaria araucana, originaria de Chile y Argentina, conocida por su resistencia y longevidad. Esta variedad tiene ramas más robustas y una apariencia más salvaje. Algunos investigadores consideran posible esta hipótesis por el tipo de copa que desarrollaron ciertos ejemplares antiguos.

La segunda posibilidad es la Araucaria heterophylla, originaria de Australia y ampliamente utilizada como árbol ornamental en ciudades latinoamericanas durante comienzos del siglo XX. Su forma simétrica y estilizada coincide con el ideal estético republicano de la época, razón por la cual muchos consideran que esta podría ser la especie sembrada originalmente en Santa Rosa de Cabal. Pero originalmente nacen en Australia en la isla de Norfolk a 0 msnm en un playa que es una reserva natural de la especie y Santa Rosa de Cabal se encuentra a 1700 msnm lo que hace casi que imposible, dicen los expertos que sea esta misma especie. A comienzos de este siglo, se hicieron viveros con semillas de esta especie traídas de Norfolk y no germinaron. 

La tercera teoría apunta a la Araucaria angustifolia, especie brasilera asociada históricamente a regiones cafeteras y montañosas de Sudamérica. Esta variedad fue introducida en varios países durante procesos de ornamentación urbana y adaptación paisajística. Por su ubicación geográfica es la que pudo adaptarse a estas tierras más fácilmente. Los biólogos de la corporación Autónoma apuntan a esta especie.  

Gigantes centenarios bajo amenaza

Las araucarias de Santa Rosa de Cabal no solo son patrimonio paisajístico y la imagen mas recordada de la ciudad; también son organismos vivos que envejecen y además no son una especie de esta tierra, fueron introducidas de otro país. 

Durante décadas acompañaron serenamente la transformación de la ciudad, pero en los últimos años su situación se ha vuelto delicada. Varias han presentado enfermedades naturales asociadas al envejecimiento. Una de las más comunes produce un deterioro progresivo desde la copa hacia la raíz, secando lentamente el árbol hasta volverlo estructuralmente inestable.

Además, las descargas eléctricas y rayos han sido enemigos permanentes debido a su enorme altura. Algunas también han sufrido afectaciones por incendios.

De las araucarias originales ya se han perdido varias. Una fue gravemente afectada por un incendio en la década de 1990 paradójicamente el incendio de la fuente de soda Las Araucarias y posteriormente debió ser talada; se reemplazó por una que no es de la especie emblemática. Otra desapareció recientemente por muerte natural y según el alcalde actual va a ser reemplazada por una de especie original que se logró reproducir ya. Incluso una de las más emblemáticas —la ubicada frente a Empocabal— no es completamente original: la primera sembrada allí se secó y tuvo que ser reemplazada en 1939; por eso es la mejor conservada, la única completa y sin intervenciones en todos estos años. 

Actualmente las araucarias requieren mantenimiento técnico periódico para garantizar su estabilidad y prolongar su vida útil. Aunque algunas especies de araucaria pueden superar ampliamente los cien años, eso depende de las condiciones ambientales, sanitarias y del manejo arborícola.

El desafío imposible: reproducirlas

Uno de los capítulos más llamativos de esta historia es el intento de reproducir las araucarias santarrosanas. y ahora será el debate de su procedencia y de no ser una especie propia. 

Durante años se han realizado esfuerzos tanto mediante semillas como a través de procesos biotecnológicos. Sin embargo, hasta ahora no se ha logrado reproducir exitosamente ejemplares equivalentes a los históricos del parque. 

Ese fracaso parcial ha aumentado la preocupación patrimonial alrededor de estos árboles. Porque las araucarias no son simplemente ornamentales: son parte de la memoria colectiva de Santa Rosa de Cabal.



Mucho más que árboles

Las araucarias representan quizá uno de los momentos más simbólicos de la historia urbana santarrosana: el instante en que el antiguo pueblo cafetero quiso proyectarse hacia el futuro.

Fueron sembradas cuando Santa Rosa de Cabal vivía el optimismo económico del auge cafetero, cuando el parque se modernizaba, cuando llegaban nuevas ideas de ciudad y cuando el municipio comenzaba a verse a sí mismo como algo más que una colonia agrícola de montaña.

Por eso siguen siendo tan importantes. Porque cada una guarda silenciosamente casi un siglo de memoria:


las procesiones,
las fotografías familiares,
las bandas en el parque,
las retretas,
los enamorados,
las protestas,
las generaciones enteras que crecieron bajo su sombra.

Las araucarias ya no son solo árboles. Son testigos vivos de la historia de Santa Rosa de Cabal.


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